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Oxígeno hiperbárico y recuperación tras un ictus: una lectura rigurosa de la ciencia

Hyperbaric treatment with projected brain imaging

La recuperación tras un ictus rara vez sigue una línea recta. Algunas semanas se nota progreso y otras parece que todo se estanca. Durante mucho tiempo, la idea aceptada fue tajante: las funciones que se recuperan suelen hacerlo pronto y, al cabo de unos meses, la ventana se cierra poco a poco.

Esta idea se está cuestionando, no por ilusiones, sino mediante estudios de imagen y ensayos controlados que analizan qué efecto tiene el oxígeno adicional bajo presión en el tejido cerebral que sobrevivió a un ictus, pero dejó de funcionar correctamente. Este artículo explica con claridad la fisiología y la investigación y, algo igual de importante, distingue claramente entre las presiones utilizadas en los estudios y las que realmente alcanza una cámara de bienestar general. No son lo mismo, aunque muchos artículos las confundan.

Antes de nada, una aclaración: lo que sigue es educativo, no constituye asesoramiento, y nada de esto sustituye la orientación de un profesional cualificado que conozca tu historial.

Por qué el oxígeno bajo presión actúa de otra manera

Al respirar aire normal, los glóbulos rojos hacen casi todo el trabajo. Ya están casi llenos: en condiciones atmosféricas normales, cerca del 97 % de la hemoglobina disponible está saturada de oxígeno. Añadir más al nivel del mar apenas deja sitio: los asientos ya están ocupados.

El plasma es la parte interesante. Este líquido transparente en el que flotan las células sanguíneas transporta muy poco oxígeno en reposo, pero se rige por otra regla. Los cálculos se basan en las leyes de los gases ideales, en particular la ley de Henry, según la cual la cantidad de gas disuelto en un líquido es proporcional a la presión parcial del gas sobre la superficie del líquido. Al aumentar la presión, aumenta la concentración de oxígeno y el plasma disuelve mucho más.

Las cifras suben deprisa y lo hacen con la presión: por eso importan tanto los parámetros. Con presión normal y respirando aire, el oxígeno libre en sangre ronda los 0,32 mL/dL. Con oxígeno al 100 % sin aumentar la presión llega a 2,09 mL/dL; a 3 atm alcanza unos 6,8 mL/dL. Esta última cifra requiere tanto presión alta como oxígeno puro. Si falta cualquiera de los dos, cae de forma acusada.

Esto puede ser importante para el cerebro. Una vez disuelto, el oxígeno puede mejorar la oxigenación de tejidos a los que los glóbulos rojos no llegan y en casos de alteración de la función o concentración de hemoglobina. Después de un ictus, parte de la circulación está dañada; el oxígeno disuelto en el plasma no depende de viajar unido a los glóbulos rojos por vasos estrechos y puede llegar a zonas de difícil acceso para estas células.

Structural and functional brain scans on a workstation

Presión y oxígeno: qué cambia realmente las cifras

Lugar Presión aproximada Fuente de oxígeno Oxígeno libre en el plasma Dónde se observa
Aire normal, al nivel del mar 1.0 ATA Aire ambiente ~0.32 mL/dL Base
Oxígeno puro, sin presión añadida 1.0 ATA Oxígeno al 100 % ~2.09 mL/dL Punto de referencia de investigación
Protocolo de investigación (el ensayo descrito abajo) 2.0 ATA Oxígeno al 100 % Entre los dos extremos Centros especializados
Máximo estudiado en fisiología ~3.0 ATA Oxígeno al 100 % ~6.8 mL/dL Estudios de fisiología
Cámaras para bienestar general normalmente ~1,3–1,5 ATA aire o enriquecimiento ligero muy por debajo de las cifras anteriores Uso doméstico

Las cifras de plasma a 1,0 y 3,0 ATA proceden de revisiones publicadas sobre fisiología hiperbárica [4][5]. La fila de bienestar general se incluye como contraste; los datos de ensayos que aparecen a continuación no proceden de esas condiciones.

La tabla deja claro algo importante: las cifras elevadas de oxígeno disuelto corresponden a presión alta y oxígeno puro. Una cámara de uso doméstico funciona en condiciones muy distintas.

El cerebro «adormecido»: la idea que impulsa la investigación

Después de un ictus hay tejido muerto y, alrededor, una zona gris: células que no murieron, pero dejaron de funcionar.

Los investigadores describen este fenómeno con precisión. Los términos «penumbra crónica» y «cerebro aturdido» se refieren a zonas con un flujo sanguíneo cerebral críticamente reducido, actividad sináptica suprimida e integridad estructural preservada. La estructura está intacta y las conexiones siguen ahí, pero la actividad está apagada. Puede que esa zona gris no desaparezca tan rápido como se pensaba. Las técnicas avanzadas de imagen también muestran que el tejido cerebral aturdido puede persistir durante meses o años después de un episodio isquémico agudo. Esto cambia la conversación sobre la ventana de recuperación: si el tejido sigue vivo pero inactivo un año después, la pregunta interesante es si algo puede reactivarlo.

Qué encontró el ensayo más conocido

El estudio más citado se centró deliberadamente en personas que habían superado ampliamente el periodo habitual de recuperación. Fue un ensayo prospectivo, aleatorizado y controlado con 74 participantes. Todos habían sufrido un ictus entre 6 y 36 meses antes de su inclusión y presentaban al menos una disfunción motora. Es decir, el grupo cuya recuperación ya se había estancado.

El ensayo utilizó 2,0 ATA con oxígeno puro. Conviene decirlo claramente, porque la cifra fisiológica de 6,8 mL/dL se obtuvo con una presión superior. Distinto parámetro, distinta cifra.

El estudio utilizó un diseño cruzado, una forma rigurosa de comprobar si la mejoría se debía únicamente al paso del tiempo. Un grupo realizó las sesiones de inmediato y el otro pasó primero por un periodo de control. Si la mejoría se debiera solo al tiempo, el grupo en espera habría mejorado durante ese periodo. No ocurrió así. Tras las sesiones, las funciones neurológicas y la calidad de vida mejoraron significativamente en los participantes de ambos grupos, mientras que no se observó mejoría durante el periodo de control del grupo en espera.

Las imágenes coincidían con lo que comunicaban los participantes. Los resultados de SPECT se correlacionaron estrechamente con la mejoría clínica. El aumento de actividad cerebral se detectó sobre todo en regiones con células viables pero poco activas, donde existía una discrepancia notable entre anatomía y fisiología. Esa diferencia —apariencia normal en una imagen estructural y actividad baja en una funcional— corresponde al tejido cerebral aturdido descrito antes.

La interpretación de los autores fue prudente, pero clara. Los resultados indican que las sesiones pueden producir mejoras neurológicas significativas incluso en fases crónicas tardías. Revisiones más recientes apuntan en la misma dirección, sin dar por cerrada la cuestión. Estos hallazgos cuestionan la idea de que el periodo de recuperación tras un ictus sea limitado y respaldan la hipótesis de que la neuromodulación dirigida puede reactivar la neuroplasticidad meses o incluso años después del episodio agudo.

Qué parece ocurrir a nivel celular

La idea de que «cuanto más oxígeno, mejor» es demasiado simplista. El entorno presurizado parece actuar más como una señal que como un aporte adicional de combustible: estimula la maquinaria celular.

Una revisión mecanística describe varias vías y funciones celulares implicadas. El oxígeno hiperbárico influye, entre otras, en la biogénesis y función mitocondrial; la neurogénesis mediante el aumento de las señales Wnt-3 y VEGF/ERK; la sinaptogénesis mediante una mayor expresión de GAP43 y sinaptofisina; y las respuestas antiinflamatorias mediante la reducción de TNF-α e IL-6. En términos sencillos, afecta a la producción de energía celular, las señales de crecimiento tisular, la formación de conexiones y la regulación de la inflamación.

Hay una paradoja que conviene señalar. Una dosis breve y controlada de estrés oxidativo parece preparar a las células en lugar de dañarlas. Un estrés oxidativo leve podría preparar al cerebro para tolerar un estrés oxidativo intenso, y el preacondicionamiento ha mostrado eficacia para desarrollar esa tolerancia a la isquemia. El estrés actúa como señal. Es comprensible que esto parezca contradictorio.

También en este caso, los mecanismos se estudiaron en condiciones de investigación. Describen lo que puede hacer la biología a esas presiones, no prometen resultados con cualquier cámara.

Cómo se organizaron los programas de investigación

En los estudios se repite una pauta: no se trata de una sesión aislada, sino de un programa.

  • Duración de la sesión — normalmente unos 90 minutos.
  • Frecuencia — por lo general, cinco días a la semana.
  • Número de sesiones — los ensayos más conocidos utilizaron bloques de unas 40 sesiones; algunos programas de rehabilitación se acercaron a las 60. La descripción de un programa indica un ciclo de 3 meses con 60 sesiones diarias de 90 minutos, 5 días por semana.

Dos consideraciones importantes. Primero, la comodidad: los espacios cerrados incomodan a algunas personas. Las cámaras individuales son pequeñas y estrechas, lo que puede provocar claustrofobia, y los cambios de presión se notan en los oídos. Conviene tenerlo en cuenta antes de comprometerse a decenas de sesiones. Segundo, y más importante: aunque la evidencia apunta a algo interesante, aún se está acumulando y se obtuvo a presiones superiores a las que alcanza una cámara de uso general.

Stroke patient practicing hand movement in rehabilitation

En qué punto está la investigación

La comunidad investigadora no es pequeña, pero está dispersa. Entre 2000 y 2022, 273 autores publicaron investigaciones sobre oxigenoterapia hiperbárica para el ictus, y la baja densidad de autores apunta a una comunidad relativamente fragmentada. Hay varios ensayos, muchos estudios sobre mecanismos y preguntas abiertas sobre la presión, la dosis, el momento de aplicación y quién puede beneficiarse.

En resumen, no se trata de un eslogan. Existe una explicación fisiológica coherente, las imágenes coinciden con las mejoras comunicadas por los participantes y los datos controlados sugieren que la ventana de recuperación podría ser menos rígida de lo que se creía. Aun así, hacen falta estudios más amplios y prolongados, y los resultados corresponden a las condiciones específicas de alta presión en las que se obtuvieron.

Preguntas frecuentes

¿Es lo mismo que respirar oxígeno con una mascarilla en casa? No. Una mascarilla o un concentrador aumentan el porcentaje de oxígeno, pero no la presión. El mecanismo descrito depende de que la presión impulse el oxígeno hacia el plasma, según la ley de Henry. Sin esa presión, el nivel de oxígeno en plasma apenas cambia respecto al inicial.

¿Se aplican las cifras de los estudios a cualquier cámara hiperbárica? No, y conviene repetirlo. Las cifras de oxígeno en plasma y los resultados de los ensayos proceden de entornos de alta presión con oxígeno puro (2,0–3,0 ATA). Las cámaras de bienestar general suelen funcionar alrededor de 1,3–1,5 ATA con aire normal o ligeramente enriquecido, por lo que esas cifras concretas no se pueden trasladar a ellas.

¿Importa cuánto tiempo ha pasado desde el ictus? El ensayo más citado seleccionó específicamente a personas entre 6 y 36 meses después del evento para evaluar si era posible lograr mejoras tardías. Esta línea de investigación se centra sobre todo en la fase crónica, cuando la recuperación se ha estancado, y no en los primeros días.

¿Por qué una imagen cerebral puede parecer normal si no se recupera la función? Porque la estructura y la actividad son cosas distintas. Un tejido puede parecer intacto en una imagen estructural y, aun así, mantener una actividad metabólica baja. Esa diferencia entre «parece estar bien» y «funciona bien» es lo que estudian los investigadores.

¿Cuántas sesiones utilizaron los estudios? Los protocolos solían incluir unas 40 sesiones; algunos ciclos más largos rondaban las 60. Por lo general, las sesiones duraban 90 minutos, cinco días a la semana.

¿Está resuelta la cuestión científica? Aún no. La tendencia es alentadora y los mecanismos se conocen cada vez mejor, pero el campo pide abiertamente ensayos más amplios y prolongados. Conviene desconfiar de las afirmaciones tajantes, tanto a favor como en contra.


Referencias

  1. Efrati S, et al. Hyperbaric Oxygen Induces Late Neuroplasticity in Post Stroke Patients — Randomized, Prospective Trial. PLOS One, 2013. https://journals.plos.org/plosone/article?id=10.1371/journal.pone.0053716
  2. Bibliometric analysis of research trends on hyperbaric oxygen therapy in stroke from 2000 to 2022. Frontiers in Neurology, 2025. https://www.frontiersin.org/journals/neurology/articles/10.3389/fneur.2025.1455545/full
  3. Hyperbaric oxygen therapy as a neuromodulatory technique: a review of the recent evidence. PMC, 2024. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC11496187/
  4. The Role of Hyperbaric Oxygen Therapy in Neuroregeneration and Neuroprotection: A Review. PMC. https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC11235151/
  5. Hyperbaric Physiological and Pharmacological Effects of Gases. StatPearls, NCBI Bookshelf. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/books/NBK470481/
  6. Survey of Molecular Mechanisms of Hyperbaric Oxygen in Tissue Repair. PMC. https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC8584249/
  7. An Extra Breath of Fresh Air: Hyperbaric Oxygenation as a Stroke Therapeutic. PMC. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC7563917/
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